Por Elena Garritani
Camus desarrolla en su obra en ficción y en sus ensayos la filosofía del absurdo. Esta filosofía despliega entre otras, ideas que fueron desarrollándose a partir la afirmación de Nietzche Dios ha muerto y del concepto de la angustia existencial desarrollado por Soreen Kierkegaard en sus obras y luego por la corriente existencialista Esta vida que nos toca vivir es el único paraje posible que vamos a transitar. Por supuesto Camus parte del escepticismo en primer lugar, en el sentido de la epogé griega, es decir poner entre paréntesis las supuestas verdades, para analizarlas con un pensamiento que exige rigor, esfuerzo. también Como intelectual de su época ha leído y respirado a Heidegger y a Sartre. Y abreva en las fuentes de Hegel,
Los personajes de su novela eligen, no se rigen por ningún esencialismo, por ningún determinismo a priori, no se salvan ni se condenan por sus actos en un trasmundo, no tienen fe en un más allá redentor, simplemente, y en tanto arrojados al mundo y condicionados por la facticidad eligen sus valores, sus normas, sus verdades y actúan en consecuencia
Hablar de todas las influencias en las que abrevó Camus, como del clima que respiró en su época, nos llevaría varias charlas, clases, lecturas
Diremos que nació en Argel en 1913, que su padre murió cuando el tenía un año como combatiente de la primera guerra mundial. Su madre, una española muy parca y poco comunicativa lo crió en un clima distante y poco afectuoso. El vivió la guerras de España 1936-1939, la segunda guerra mundial 1939-1945, si bien a causa de su tuberculosis no tuvo una participación directa, sí participó como periodista y militante durante la ocupación de Francia por Alemania. En 1920 se desarrolla en Europa la vanguardia surrealista que practica nuevas formas experimentales en el arte, distintas de las tradicionales, opuestas a lo convencional y estatuido, y que asume una posición de compromiso con respecto a las cuestiones sociales, en estrecha consonancia con las ideas de Marx y Engels.
En esta Europa convulsionada, fragmentada entre dos guerras, donde el hombre es desgarrado, desmembrado en su existencia surgen las grandes preguntas acerca de la misma. Además vivió con una postura personal la batalla de la liberación de Argelia, en épocas de De Gaulle, ya que como descendiente de los colonos franceses no se consideraba musulmán, ni consideraba que esa tierra no fuera su patria, y tampoco admitía las ambiciones imperialistas de Francia. Es en este contexto donde Camus desarrolla su vida y su obra, con un fuerte compromiso social, ético y estético.
En realidad, no se lo considera a Camus un filósofo en sentido estricto, sino un escritor, dramaturgo y ensayista que escribe sus ideas y que da muestras de ellas a través de su obra en ficción como en sus ensayos filosóficos
Camus es ateo, es decir no cree que haya una racionalidad divina que determine el destino del hombre, sus actos en la tierra ni su salvación o condenación a la vida eterna. El mundo está recorrido por la ausencia de Dios, pero contrariamente a lo que podría pensarse, esto no lo hace desgraciado si es consciente de ello, pues dará primacía a la lucidez. Se erigirá en el hacedor, en el constructor de su destino. El mundo no tiene sentido, hay que inventarlo, hay que crearlo. Afirma que el único problema filosófico verdaderamente trascendental es el suicidio. Si la existencia no tiene ese sentido es el primer gran tema del hombre. Y justamente si se llega a comprender el absurdo tal y como Camus lo vivencia y expresa, si se ahonda el sin sentido de la vida cobran nervadura como potencias de satisfacción y plenitud los actos del ser humano, ya que vino al mundo para elegir sus actos, en el lenguaje de Heidegger para desarrollar una existencia auténtica. Para mayor comprensión del sentimiento del absurdo y de lo que el mismo connota diremos que es la semilla de la liberación. No, la liberación en el sentido social, sino, en primer lugar en el sentido individual para luego entretejerse con el contexto en el se lucha, se ama, se sufre, se fracasa, se triunfa y se goza.
Camus no relega la irracionalidad del mundo. Irracionalidad, para que se entienda, en el sentido de los Personajes de Becket, Ionesco, Genet, por nombrar algunos autores del teatro del absurdo. Acaso quién espera a Godot, quién es Godot, qué es lo importante que llegue Godot o el esperar algo, alguien que nos legitime en nuestra pavorosa levedad de ser. Qué es la comunicación entre los seres humanos, en un mundo de monólogos paralelos que distancia en lugar de acercar, que duele en lugar de consolar. ( pensemos en la cantante calva de Ionesco) Y en el Final de partida ( Becket), se encierra a los viejos (la generación que nos precede) en un tacho de basura y sus personajes viven la parodia de sí mismos. No hay una verdad, hay ciertas certidumbres susceptibles de modificarse, pero no una verdad a la que asirse en forma absoluta.
¿A quién esperamos? ¿Por qué los seres humanos se oyen sin escucharse, preso cada uno de su propio discurso? ¿Por qué la necesidad de parodiar la vida?
Presas de una moral heterónoma, es decir impuesta desde el afuera, sujetos a etiquetas que sólo dibujan una caricatura, nos dejamos llevar por la corriente, por el devenir, sin tomar conciencia de que las actitudes que más nos despojan pero que son finalmente las que nos permiten preguntarnos a cerca de los grandes temas del hombre: la angustia existencial, la construcción de valores
Y volviendo a Albert Camus , y , principalmente “el extranjero”, que tras las primeras páginas del libro ya se ha ganado el mote de indiferente de hombre sin sentimientos, no encontramos más que un hombre que ha elegido ese aparente desapego, o indiferencia, porque, y este es el punto esencial, la confrontación de su yo con el mundo le habla de lo absurdo de toda existencia. Acepta la muerte de su madre, no necesita verla, no solicita que abran el cajón, sabe desde la lucidez que el llanto fácil, la perdida del apetito o la desesperación no caben para él, porque Mersault ha percibido la extrañeza de su vínculo con el mundo, y se ha percatado de que las relaciones se construyen sobre esta base de confrontación, de contrapunto. Sabe que la conciencia no está inmersa en las cosas, se distancia, no está posicionada con fijeza, en su constante fluir no coincide nunca plenamente con sí misma. La libertad es su nota esencial: por lo tanto se elige. Ha comprendido tempranamente que la vida esta erizada por la muerte. Su relación libre con una pareja no lo condena sino para una sociedad pacata y empastada con el sostén de la mentalidad burguesa, con lo obvio, con las etiquetas, con la banalidad Y vemos como estos actos, relativos en sí, lo condenan a la muerte más que el crimen que cometió, al que fue llevado por razones fácticas, condicionadas por el sol que obnubila, la arena ardiente, por cómo se fueron dando los hechos, por la presencia del cuchillo reluciente, por el rostro de los árabes.
Dice Camus “Comenzar a pensar es comenzar a estar minado”. “Matarse es confesar que se ha sido sobrepasado por la vida, que no se la comprende” “Un mundo que se puede explicar incluso con malas razones es un mundo familiar. Pero, por el contrario, en un universo privado repentinamente de ilusiones y de luces, el hombre se siente extraño”. Esta extrañeza del hombre, esa sensación de extranjero, es precisamente ese divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su decorado: y evidencia y patentiza el sentimiento de lo absurdo.
Para Camus el problema del absurdo existencial y la angustia que acredita posibilitan la felicidad de desarrollar nuestras potencialidades y nuestra solidaridad. Camus no está de acuerdo en que se conciba un pensamiento humillado, por irracional, incongruente, descabellado, fantasioso. Las contradicciones, las paradojas, las ambivalencias nos llevan a reflexionar en el sentido de la vida más que supuestas verdades a las cuales adherimos porque hacen más cómoda y fácil la existencia.
En la peste se plantea la presencia del mal sobre la tierra, en la ciudad sitiada por la peste la relación con la muerte va a ser otra. La muerte se sienta en nuestra mesa, se torna cotidiana y amenazante, las relaciones de la ciudad se transforman. El Dr. Rieux elige darle un sentido luchando contra el mal, aceptando las condiciones y poniendo énfasis en la fraternidad entre los seres humanos.
Cito del final de la peste
“Del puerto oscuro llegaron los primeros cohetes de los festejos oficiales. La ciudad los saludó con una prolongada y sorda exclamación. Cottard, Tarrou, aquellos y aquella que Rieux había amado y perdido, todos, muertos o culpables, estaban olvidados.
Pero, sin embargo, sabía que esta crónica no era la de una victoria definitiva….
Escuchando los ritos de alegría que subían desde la ciudad, Rieux recordaba que esa alegría estaba permanentemente amenazada. Pues sabía lo que la muchedumbre en fiesta ignoraba y puede leerse en los libros, a saber: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece, que puede permanecer adormecido durante años en los muebles y la ropa, que aguarda pacientemente en las habitaciones, las cuevas, las maletas, los pañuelos y papeles y que quizá un día, en que para desdicha y enseñanza de los hombres, la peste despierte sus ratas y las envíe a morir a una ciudad alegre”.
En la obra teatral Calígula, éste lleva al máximo extremo la utilización del poder, elige la arbitrariedad, desarrolla sus facultades en detrimento de toda piedad, no cede ante ningún sentimiento de cordura y aún cuando está herido de muerte sigue desafiando como un dios, con absoluta arbitrariedad y desenfreno. Calígula es una expresión de la idea de Dostoievski según la cual si dios no existe, todo es permisible.
Es en esta obra donde Camus da un giro hacia la cuestión política, los hombres parten de la misma desesperación y pueden encontrar el camino en el asesinato en masa o en la solidaridad, ahondando el tema de que la mutilación humana es un hecho irreversible.
Y es en su obra el mito de Sísifo donde con mayor claridad el hombre absurdo se patentiza. Condenado por haber mentido a lo dioses, Sísifo, ciego, debe subir una roca hasta la cima, para luego dejarla caer y descender a la ladera de la montaña para emprender nuevamente la tarea de llevarla otra vez a la cima y dejarla caer y así día tras día cumplir con la condena hasta el fin de sus existencia.
Qué diferencia a Sísifo, en el mito recreado por Camus, de un esclavo, la conciencia de que está condenado, esto da un giro a su rutinaria y acorralada existencia: es necesario conocer la noche, no hay sol sin sombra. El hombre absurdo dice que sí, pero como quien se rebela, para cumplir su destino no por mandato de los dioses sino por que ha decidido asumirlo. Se sabe dueño de sus días y conoce la felicidad de ese instante en que ha llegado a la cima y está solo con sus voces interiores y con los signos que puede captar de la tierra desde todas las formas inapelables de oscuridad. Es un ciego que desea ver, persuadido de un destino meramente humano y efímero, en el que la roca seguirá rodando, no por voluntad de los dioses sino de su esfuerzo que quiere alcanza
las cimas de toda derrota humana.
