
Lento peregrinage del sol
entre ruinas sagradas.
La vid ha madurado:
ya no guarda secretos.
Las sombras del bosque
juegan con la tarde.
Las primeras estrellas aguardan pacientes,
el dolor del ciprés y el aroma del pino.
Declinante, el estío derrama su sangre
en las alas del cielo;
la tierra se cubre de hojas.
Es tan simple el amor.
Las dulces caminatas, tus pasos que se alejan
por callados senderos.
Dulcemente el oboe, dulcemente las flautas
despiertan ruiseñores, ahora que entiendes
el canto del mirlo.
Los amantes descansan en su ardiente pasión,
en lecho apacible de ocres. Entonces es otoño.
Preguntas en la hierba, oscuras respuestas.
Brújula de silencios.
(De "Sin naufragio aparente", ediciones Ultimo Reino, año 1999)

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